Archipiélago
Amo
nuestros fines de semana en archipiélago, rodeado su tiempo por
los cuatro costados
del tiempo oceánico de las semanas de estudio y trabajo.
Los viernes cortos de tarde-noche, esos
pequeños arrecifes en los que encallar cuando está oscureciendo
para coger aire y víveres que nos lleven a la isla mayor del
sábado.
Los sábados
tan enormes que cabría en ellos un aeropuerto intercontinental, y además
tan enormes que cabría en ellos un aeropuerto intercontinental, y además
tendría perfectamente justificada su construcción, porque no
hacemos más
un sábado cualquiera
que volar por la mitad del cielo que Dios
mantiene todavía virgen;
Despegar y aterrizar, y entre medias comer y comprar como si estuviéramos
en la zona libre de impuestos.
Los domingos intermedios con su taller de costura vital para velas torcidas.
Sé que el poema mentía.
Nuestras vidas no son los ríos que etcétera.
en la zona libre de impuestos.
Los domingos intermedios con su taller de costura vital para velas torcidas.
Sé que el poema mentía.
Nuestras vidas no son los ríos que etcétera.
Nuestras vidas son los mares que sueñan con volverse tierra
firme.
En nuestro caso lo consiguen, por lo menos,
tres días de cada siete.
En nuestro caso lo consiguen, por lo menos,
tres días de cada siete.
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Un saludo.